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La salud de las personas que trabajan en Chile, retos y oportunidades para la próxima legislatura

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La situación de la salud ocupacional en Chile se enfrenta a retos complejos que requieren una atención priorizada en la siguiente legislatura. Aunque se han logrado progresos en los últimos años, todavía existen diferencias notables en la protección y el bienestar de los trabajadores, así como en la prevención de riesgos y enfermedades laborales.

El mercado de trabajo en Chile está compuesto por más de ocho millones de empleados, quienes trabajan en aproximadamente un millón de compañías, destacándose una gran cantidad de pequeñas empresas ubicadas en la capital. No obstante, la falta de formalidad en el empleo continúa siendo un desafío considerable, especialmente entre las mujeres, lo cual restringe el ingreso a los sistemas de seguridad social y a métodos eficaces para la mitigación de riesgos.

En la última década, la tasa de accidentes laborales ha experimentado una disminución notable, pero aún se registra un promedio de un fallecimiento diario relacionado con estas circunstancias. Las enfermedades profesionales reconocidas siguen siendo relativamente bajas en comparación con el universo laboral, predominando las afecciones vinculadas a la salud mental y los trastornos musculoesqueléticos, que constituyen un foco creciente de preocupación.

Uno de los grandes obstáculos para mejorar la salud laboral en Chile es la falta de datos actualizados y confiables sobre las condiciones de trabajo. La última encuesta nacional sobre riesgos laborales data de 2009, lo que limita la capacidad del Estado para diseñar políticas públicas adecuadas y focalizadas. Asimismo, aunque la legislación en materia laboral ha avanzado, la capacidad fiscalizadora del Estado sigue siendo insuficiente para garantizar su cumplimiento efectivo, dejando espacios para irregularidades y brechas en la protección de los trabajadores.

La próxima legislatura enfrenta el desafío de fortalecer el marco normativo y robustecer los mecanismos de fiscalización para asegurar un entorno laboral digno, seguro y justo. Esto implica, entre otras cosas, impulsar políticas que promuevan la equidad de género en el trabajo, reduzcan la informalidad y amplíen la cobertura de los sistemas de prevención y atención de riesgos laborales.

Asimismo, es esencial renovar con regularidad los datos sobre las condiciones laborales y los riesgos asociados para guiar adecuadamente las acciones de prevención y control. Recabar datos fidedignos facilitará la identificación de áreas prioritarias y permitirá medir el impacto de las políticas aplicadas, generando un proceso de mejora constante.

La salud en el trabajo no solo es un derecho fundamental, sino un factor clave para el desarrollo sostenible y la cohesión social. En este sentido, se requiere un compromiso conjunto entre el Estado, empleadores y trabajadores para construir un entorno laboral que proteja la integridad física y mental de quienes forman parte del mercado laboral chileno.

Entre las posibilidades para progresar en este tema, resalta la adopción de tecnologías para el monitoreo y control de la asistencia y las condiciones laborales, lo cual ayudaría a mejorar la claridad y efectividad en la administración tanto pública como privada. De igual forma, impulsar la formación continua y la concienciación sobre la relevancia de la salud laboral será fundamental para promover una cultura de prevención y responsabilidad.

En definitiva, la próxima legislatura tiene una tarea clave: desarrollar e implementar políticas públicas integrales que fortalezcan la salud y seguridad de los trabajadores, mitiguen las desigualdades existentes y promuevan un trabajo digno para todos. Solo a través de un esfuerzo conjunto y coordinado será posible construir un mercado laboral más justo, saludable y productivo en Chile.

Por: Alicia Ferrer

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